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jueves, 19 de julio de 2012

Las penas son de nosotros, los dólares son ajenos

Miguel Bonasso
Mientras los sabuesos de la AFIP revuelven los colchones de los jubilados amarretes en busca de dólares, el gobierno le concede a la Barrick Gold y las otras empresas megamineras que liquiden las divisas de sus exportaciones en 120 días y no en 30 como se había establecido inicialmente y como deben hacerlo otras empresas.
El privilegio es tan escandaloso que hasta Página/12 se ocupó del tema en algunas notas de crítica light. El pingüe negocio financiero que significan 90 días de plazo extra se dio, por cierto, después de las reuniones que mantuvo el ministro Julio De Vido con el capo de Barrick, Peter Munk, en el contexto de una de las clásicas apariciones de Cristina en el Council of the Americas, el santuario de David Rockefeller en Nueva York.
En Buenos Aires también hubo reuniones de Barrick Gold y Xstrata (que explota Bajo la Alumbrera) con De Vido, el secretario de Minería Jorge Mayoral (que compartía oficinas con la Barrick) y el temible bolchevique Axel Kicillof. Las mineras –según informó Javier Lewkovicz en Página/12- “justificaron la necesidad de extender el plazo de liquidación en función del largo viaje hacia destinos de Canadá; China o Suiza. También advirtieron que la certificación del precio y la calidad del mineral se realiza en la refinería que lo adquiere, situación que alarga los tiempos y que también constituye una de las principales críticas hacia el sector, ya que esa modalidad se presta a maniobras de subfacturación”. 
Como seguramente lo saben los amigos de este blog (bonasso-elmal.blogspot.com), nadie mete las narices en los lingotes de metal dorée que salen del aeropuerto privado de la Barrick en Veladero, en la desolada terraza de los Andes. Cada ladrillo de esos lleva una mezcla de oro, plata, cobre y otros 14 minerales estratégicos que no suelen declararse. En lejanas refinerías las corporaciones separan la paja del trigo y cobran millones de dólares por los distintos metales preciosos que contienen los lingotes. Esa separación se opera a miles de kilómetros de distancia de la Argentina y no hay inspectores de la AFIP a la vista. Las mineras, como las petroleras, se limitan a consignar el contenido y el valor de sus exportaciones en declaraciones juradas que el Fisco acepta a pies juntillas. Al cabo hay una distancia sideral entre un caballero como Peter Munk y los cretinos locales que por una añeja degeneración cultural pretenden ahorrar en dólares.
Durante años, como diputado nacional, presenté y representé un proyecto para controlar on line lo que Repsol y las otras petroleras sacaban realmente de los pozos y lo que las mineras como Barrick sacaban de los rajos abiertos en nuestra Cordillera. Esos proyectos eran idefectiblemente girados a la Comisión de Energía y allí naufragaban.
No pretendo ser Nostradamus, pero en los fundamentos de aquel proyecto que no fue, advertía que nos íbamos a quedar sin petróleo y sin gas, que deberíamos importar en el futuro a precios internacionales en inevitable ascenso (guerras e invasiones mediante). Es exactamente lo que está sucediendo y lo que recién descubrieron el oscuro De Vido y el iluminado Kicillof, cuando recordaron los nueve años de saqueo y rentas extraordinarias de Repsol, que coinciden exactamente con los nueve años de edad del Proyecto K. La gruesa factura energética, que supera los doce mil millones de dólares, es precisamente una de las razones de la sequía de billetes verdes y el consiguiente control de cambios. La otra razón de la astringencia en materia de divisas es el pago puntual de la deuda externa, incluyendo la que contrajo la dictadura y es –de manera manifiesta y judicial- “deuda odiosa”.
“El Mal”, como vemos, sigue viento en popa, a pesar del cantar de gesta pseudonacionalizadora, que celebran los intelectuales orgánicos del Modelo K.
La verdad, como bien decía Rodolfo Walsh (convertido ahora en muñequito para coleccionar por los demiurgos de Balcarce 50), está a la mano de cualquiera que se limite a leer los diarios (tanto sean los de la Corpo como los de la cadena oficial que regentea Szpolsky).
En la citada reunión de Nueva York, la organización filantrópica Monsanto anunció que invertirá 1800 millones de pesos para una nueva planta de maíz transgénico que “creará 400 puestos de trabajo”, como subraya otra nota de Página/12. Es decir que se profundizará la “expansión de la frontera agropecuaria” (sojera y maicera, diría yo), en perjuicio de los bosques nativos y el cambio climático. 
Tampoco es dable esperar cambios realmente “nacionales, populares y progresistas” en el terreno de la megaminería y su relación patológica con la conservación del agua y el medio ambiente.
El fallo de la Corte Suprema que desestimó (correctamente) los amparos interpuestos por la Barrick contra la ley de glaciares, ha sido insolentemente ninguneado por la minera que afirmó no estar afectando los recursos hídricos y por la provincia de San Juan que se jactó de tener su propio inventario de glaciares.
La Presidenta, por su parte, ha guardado un sospechoso silencio sobre esta acordada que la obliga a realizar, de una buena vez, un auténtico inventario nacional de glaciares. Fiel a un estilo que envidiaría la monarquía saudita, el Poder Ejecutivo sigue ignorando al Poder Legislativo y desobedeciendo al Poder Judicial.
Mientras tanto se va cocinando la nueva trampa, una supuesta participación de los estados provinciales en la renta minera, que consagre el principio gatopardista: “que algo cambie para que todo siga igual”.
De esa oscura maniobra tendiente a proteger los intereses del sector más concentrado del capitalismo mundial, volveremos a ocuparnos en este espacio (bonasso-elmal.blogspot.com). El único que me queda después de más de 50 años de ejercer el periodismo profesional. Censurado y marginado por los dos grandes bandos en pugna, sólo tengo este modesto instrumento para seguir clamando contra el modelo neocolonial. Pero eso no importa si logro convocar por esta vía a todos mis lectores. A los que un día lejano se estremecieron con “Recuerdo de la muerte”, a los que seguían mis crónicas dominicales en Página/12, a los que hoy me paran por la calle y me impulsan a seguir defendiendo bosques y glaciares. Que es como decir el agua y el aire.
Hasta la próxima.
Miguel Bonasso

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