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lunes, 29 de abril de 2013

EL GLAMOUR DE LA REALEZA HOLANDESA MANCHADO CON LA SANGRE DE LOS ESCLAVOS LATINOAMERICANOS

(Agenda Oculta)
POR GUSTAVO VERA.
Una historia acreditada y judicializada, pero poco conocida, que ubica a Máxima Zorreguieta, futura reina de Holanda, vistiéndose durante años con diseños exclusivos confeccionados en talleres clandestinos donde los costureros eran sometidos a trabajo forzoso y otros eran víctimas de trata y trabajo esclavo. De Graciela Naum a Benito Fernández.

* por Gustavo Vera. 
Maestro y titular de la Fundación Alameda. 

La historia comenzó a descubrirse un 10 de diciembre de 2005 en la Alameda, cuando un sastre llamado Samuel León Lucana fue despedido de un taller clandestino y vino a denunciar las deudas salariales y las tremendas condiciones laborales a las que estaba sometido. El taller estaba ubicado en la calle Tilcara 2143, timbre 1 del barrio de Pompeya y era uno de los principales proveedores principales de Graciela Naum, la diseñadora exclusiva de la princesa Máxima Zorreguieta durante doce años. 

Al día siguiente, el 11 de diciembre de 2005, acompañamos a Samuel León Lucana a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad donde radicó la denuncia ante el abogado penalista Mario Ganora. 

En la Defensoría contó que su patrón, Abdón Yujra Mendoza, lo trajo a él y a otra decena de costureros de Bolivia con la promesa de un buen trabajo, casa y comida. Pero cuando llegaron al taller la realidad era otra: tenían que trabajar larguísimas jornadas que iban desde las 7.30 a las 23.30 horas por una paga miserable de 800 pesos. Al principio ni siquiera cobraban eso, porque durante meses Mendoza les descontó el pasaje y los costos del traslado desde Bolivia. A los que no sabían bien el oficio les iba peor, ya que apenas cobraban 200 pesos como aprendices. En el taller había 8 rectas, 1 collareta y 2 over que 12 costureros usaban sin parar hasta la medianoche, siempre para las marcas de Graciela Naum. Luego dormían amontonados en camas marineras, una al lado de la otra. Mendoza a veces solía irse los fines de semana y dejar a los costureros encerrados con llave, sin siquiera la libertad ambulatoria que solían tener algunos domingos. Antes de venir a la Alameda, Samuel le inició juicio laboral a Mendoza por las deudas salariales. Pero en la primera audiencia de conciliación a principios de diciembre de 2005 no llegaron a ningún acuerdo y esto decidió al sastre a recurrir a la Alameda. 

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad radicó la denuncia a fines de diciembre de 2005 ante la Cámara Federal. Pocos días después, el 11 de enero de 2006 Samuel hace pública la denuncia en el noticiero del canal 9 donde repitió lo mismo que había denunciado ante la Defensoria y la Alameda: “Supe de la existencia del taller por intermedio de un cuñado que estaba en Buenos Aires y que también trabajaba allí. (...) trabajé hasta el 15 de setiembre de 2005, día en que fui despedido. Mi patrón, Abdon Yujra Mendoza, se negó a blanquearme. (...) Todos los que trabajábamos ahí habíamos sido traídos de Bolivia por el patrón. El nos financiaba el viaje y nos descontaba el importe de las dos primeras remuneraciones. (...) dormíamos en camas marineras, y no había ni vacaciones, ni feriados…confeccionaba ropa fina, cosía blazers de mujer". 

Ningún otro medio se hizo eco de aquella noticia y Graciela Naum y por entonces la princesa Máxima que solía comprar esos blazers optaron por guardar silencio. 

Dos meses después se produjo el incendio en el taller textil clandestino de la calle Luis Viale al 1200 en Caballito, donde murieron calcinados 2 costureros y cuatro menores. Fue cuando el drama del trabajo esclavo ganó la primera plana de todos los diarios y comenzó a visibilizarse las denuncias que la Alameda venía haciendo desde el año pasado. Fue ahí cuando muchos medios se acordaron del caso del taller de Tilcara, de Graciela Naum y su clienta exclusiva, la princesa Máxima. 

Graciela Naum salió en varios medios a desmentir la denuncia, negando al principio vinculación alguna con el taller. Pero mientras tanto discretamente trato de tapar todo junto con el tallerista Abdon Yujra Mendoza al que apoyó económicamente para silenciar al costurero Samuel León Lucana. A principios de abril se realizó la segunda audiencia de conciliación laboral (SECLO) entre Mendoza y Lucana y el tallerista le ofreció al sastre 6000 pesos y dos máquinas, peor haciéndole firmar un acta donde desistía de todo reclamo laboral y además asegurándose que no saliera más en los medios de comunicación. El sastre cumplió con su palabra, pero ya era tarde. Había radicado la denuncia ante la Defensoria, hablado ante el canal 9 y la Alameda ya había denunciado el caso ante la Procuración General de la Nación y el Gobierno de la Ciudad. 

Quien hoy es designada reina anuncia públicamente que no comprará vestidos a Naum por sus talleres clandestinos: Con un escándalo que salpicaba a realeza de Holanda y que ya trascendía las fronteras argentinas, la Princesa Máxima resolvió dictarle a su secretario privado, Yvette Van Eechoujd, una carta que luego sería pública, dirigida a Graciela Naum: "En nombre de su Alteza Real, la Princesa Máxima de los Países Bajos, es mi deber informarle que la Princesa está profundamente conmovida por las noticias aparecidas en los medios de comunicación argentinos sobre las condiciones inhumanas en que se encuentran los empleados de algunos de sus proveedores. La Princesa está al corriente de que el gobierno argentino emprenderá acciones pertinentes y espera que esta situación se solucione pronto. Asimismo ella confía plenamente en que usted y sus compañeros de la industria textil tomaran todas las medidas necesarias para mejorar las condiciones de trabajo de toda la gente afectada. Hasta entonces, su Alteza Real se ve obligada a no adquirir ningún producto más de su empresa. Espero que comprenda esta decisión y le deseo en nombre de la Princesa que pueda solucionar esta horrible situación lo mejor posible". 

El 8 de mayo del 2006 Abdon Yujra Mendoza fue indagado por la justicia y su taller fue clausurado. Naum se negó a auditar a sus proveedores en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). En su lugar, contrató a un auditor privado holandés y el 8 de setiembre de 2006 dio una entrevista que fue tapa de la Revista 23 donde se asumió como "la primer arrepentida del trabajo esclavo". 

En ese extenso reportaje Naum dice que "me dí cuenta que pasaban cosas terribles que uno las veía, pero no las miraba, solo conocía la cara de mi tallerista. Me conmovió enterarme a través de un informe como es la situación de las mujeres que trabajan en su casa. Mujeres que sacrifican estar con sus hijos, se sientan a la máquina y tienen que sacar adelante el trabajo, porque les pagan por prenda. Se dañan la columna, la vista ¿quién se hace cargo? Todo el trabajo en el mundo de la moda es temporario, todo está diseñado para que el empresario haga las cosas con el menor compromiso posible; económico, social, humano. Uno piensa, si hago las cosas bien me va a salir más caro, voy a perder precio respecto a mi competencia. Porque si todos los demás están trabajando sin pagar sus impuestos, reciben todo el trabajo en negro, yo me pregunto ¿dónde está el beneficio de hacer las cosas bien? Estoy luchando contra molinos de viento. Me dí cuenta que tengo que hacerlo porque pretendo un mundo mejor, porque quiero que poco a poco las cosas vayan cambiando...". 


Pese a su arrepentimiento tardío y forzado por el escándalo y la carta de Máxima, Naum nunca se auditó con el INTI y tampoco tuvo que dar explicaciones como corresponde por la ley de trabajo a domicilio, por haber tercerizado su producción durante años en talleres clandestinos con trabajo esclavo. 

Esto último gracias a Oyarbide, que sistemáticamente en todos los casos se negaba a aplicar la ley 12.713, para dejar impune a las marcas y solo llevarse puesto a los talleristas. Efectivamente eso fue lo que ocurrió: el taller de Tilcara fue clausurado, Mendoza quebró y los costureros esclavizados quedaron en la calle. 

No obstante, desde la Alameda rescatábamos la actitud de la Princesa Máxima que aunque tres meses después y en medio de un escándalo público, había resuelto dejar de comprar vestidos a Graciela Naum por sus proveedores esclavistas. Sin embargo, nuestro cauto optimismo se derrumbó algunos años después en un taller clandestino de Avellaneda donde volvería a repetirse una situación similar en la que también aparecían los vestidos de la Princesa Máxima. 

EL NUEVO ESCLAVISTA PARA MÁXIMA. 

Benito Fernández, el taller clandestino de Avellaneda y los quince vestidos de Máxima: 

En los primeros días de junio de 2011 recibimos una denuncia de un taller clandestino de Avellaneda, ubicado en la calle Pitágoras 1790 en el que se confeccionaban diseños exclusivos de Benito Fernandez, Laurencio Adot y Jorge Ibañez. La costurera que hizo la denuncia tenía mucho miedo y no quería declarar ante ningún organismo judicial. Por esa razón, junto a la periodista Mercedes Ninci planificamos que dos costureros de la Alameda se infiltraran con cámara oculta en ese taller con la excusa de buscar trabajo a fin de acreditar lo que nos habían denunciado. 

Los costureros estuvieron dos días trabajando en el taller de la calle Pitágoras 1790, regenteado por la tallerista Lucía Nuñez y allí pudieron verificar que el taller no estaba habilitado, que tenía una instalación eléctrica precaria, que los costureros tenía que trabajar a destajo en jornadas que comenzaban a las 8 y podían extenderse hasta las 19, 20, 21 o 22 hs según la demanda de entregas de vestidos; que les pagaban la mitad del sueldo de convenio, alrededor de 6 pesos por hora y que por confeccionar vestidos exclusivos que los diseñadores vendían a más de veinte mil pesos les pagaban apenas unos cien pesos. Lucía Nuñez pagaba por prenda y en negro y contrataba de palabra, incluso a migrantes sin documentación en regla y se jactaba de que muchos famosos se iban a probar sus vestidos a ese humilde taller de Avellaneda. (http://www.youtube.com/watch?v=Ewl1g0zUROk ) 

TESTIGO CLAVE 

Además de la cámara oculta y la denuncia penal que recayó en el Juzgado Federal de Quilmes de Luis Armella, la Alameda y la periodista Mercedes Ninci aportaron un testigo clave, María Laura Migueles que había sido mano derecha de Benito Fernández durante más de 20 años en su maison. Migueles declaró ante la justicia y también ante los medios, que Benito Fernández pagaba coimas de la Dirección General de Impuestos (DGI), evadía impuestos y había usado los talleres clandestinos de las hermanas Lucía y Juana Nuñez (en Avellaneda y Wilde respectivamente) durante más de 20 años, siempre pagando a destajo y con migrantes en situación de vulnerabilidad. Migueles aportó inclusive fotos de años atrás en las que Benito Fernández aparecía en desfiles con las hermanas Nuñez, como prueba de que la relación era de larga data. 

En el taller de Pitágoras 1790 se confeccionaron al menos unos quince vestidos exclusivos de Máxima encargados por Benito Fernandez. Pero esta vez la encumbrada miembro de la realeza holandesa no adoptó la misma actitud que tuvo con Naum, quizás porque no se incendió ningún taller, ni había un escándalo de las proporciones gigantescas que hubo en marzo de 2006 con la muerte de seis ciudadanos bolivianos calcinados. Quizás porque Benito Fernández tuvo más "banca" que Naum y recurrió a sus contactos políticos y judiciales para dormir la causa, descuartizarla y dividirla en varios juzgados. 

En el juzgado de Armella mientras se trataba con abierta hostilidad e indiferencia a los denunciantes y se tomaban todo el tiempo del mundo para allanar dando tiempo a desmantelar todo, se recibía en el despacho privado a los abogados de los afamados diseñadores como si realmente ellos fueran las víctimas y no los victimarios. Al poco tiempo Armella sobreseyó a Benito Fernández en la causa por trata de personas y se declaró incompetente en los otros delitos (reducción a la servidumbre y violación de trabajo a domicilio y evasión impositiva que se tramitan en otros juzgados ahora). Mientras tanto, a fines del año pasado el canciller Héctor Timerman llevaba a Benito a París como representante de los diseñadores argentinos y este verano el gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli y el intendente Gustavo Pulti de Mar del Plata permitían que Fernández oficie algunos desfiles mediáticos. 

Un pedido al pueblo holandés. 

Reconocemos que la mayoría del pueblo holandés es sensible a la responsabilidad social y al respeto de la dignidad laboral. A ese pueblo le solicitamos que le exija a su futura reina que adopte con Benito Fernández la misma actitud que tuvo con Graciela Naum. Que corte públicamente el vínculo y deje de encargar vestidos a un diseñador que toda su vida confeccionó prendas en los talleres clandestinos de las hermanas Nuñez, que es un gran evasor impositivo y que estafa a los famosos con prendas "exclusivas" carísimas que los costureros confeccionan por apenas seis pesos la hora. Ya bastante mancha tiene Máxima con su padre, Jorge Horacio Zorreguieta Stefanini que fue Secretario de Agricultura y Ganadería durante dictadura genocida, como para que además cargue con la mancha de haber sido vestida durante años por talleres clandestinos con trabajo esclavo. Esperemos que Máxima cuando sea consagrada reina, solamente tenga que ocultar a su padre y no también algunos de sus vestidos exclusivos hechos en los talleres del sudor de Buenos Aires.

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